Vaya por delante que no es santo de mi devoción. Ha reincidido, supongo que a cambio de remuneración suficiente, en la papanatada del Iker Jiménez. No es el único, podría argumentarse en su defensa, si se acepta que la mala compañía, por multitudinaria, es menos mala.
Pero no interesa tanto el hombre como lo que dice. Publicaba el pasado domingo en el ABC "El desgaste del poder" donde, entre otras obviedades, dice que "la elección democrática de un dirigente no le aporta más inteligencia que la que él trajera previamente".
Pero ya se lanza en plancha cuando atribuye a Zapatero "una inteligencia media alta más abstracta que concreta, una afectividad sobredimensionada, lábil y que le puede jugar malas pasadas, un pensamiento no rápido, perseverante en la idea preconcebida y muy dependiente del mundo interior, una memoria frágil «a sabiendas» o no, y que por todo ello parece tener dificultades con la realidad, o porque no la entienda, o porque «esotéricamente» no la acepte, o porque llevado de un «idealismo extremo» quiera modificarla «a toda costa»".
Así pues, un sujeto con "inteligencia media alta", pero inconcreta, que somete a una desmesurada emotividad, de pensamiento lento y fijo, con poca memoria, en conflicto con la realidad, acaso por no entenderla, y empecinado en confrontarla... ¿dónde guarda esa "inteligencia"? Pero es comprensible que un psiquiatra, aunque forense, sea caritativo y políticamente correcto con un "presunto" paciente.
Pero luego desvela una de sus inquietudes: "Pero lo preocupante, a nuestro juicio, es que no existe mecanismo social alguno, ni mucho menos político que exija al candidato previamente seleccionado para la campaña una cierta estabilidad emocional, una inteligencia amplia y práctica, una ausencia de «traumas o preocupaciones de juventud o infancia», y así un largo etcétera".
Aquí se le escapa sin querer su diagnóstico de Zapatero como candidato. Por eso no termina de decir lo que señala. ¿Un mecanismo político de evaluación psíquica de candidato? Todos sabemos cómo llegó Zapatero a ser candidato. Precisamente por una evaluación psíquica de una parte de los delegados asistentes al XXXV Congreso del PSOE, donde derrotó a Bono con un margen de ventaja inferior al 1%. ¿Y un mecanismo social de evaluación psíquica de candidato? Pues también lo hubo: se llaman Elecciones Generales. Y hubo dos, esto es, con la posibilidad de rectificar democráticamente.
Vuelve a lanzarse desde el trampolín, esta vez en "bomba", cuando dice: "En esta línea y con la cautela propia de estas afirmaciones, podríamos decir a manera de ejemplo lo siguiente del señor Rodríguez Zapatero: «La persistencia inicial que el presidente del Gobierno mostró en la posibilidad de un "diálogo con ETA", a todas luces inviable, su posicionamiento con líderes iberoamericanos "infantiles" y autocráticos, su rechazo un tanto inmaduro de la "política imperialista" de EE.UU., la insistencia en doctrinas de difícil o inasequible logro como la Alianza de las Civilizaciones, la inaudita persistencia en aunar posturas entre sindicatos y patronal con posiciones "ambiguas y elásticas" y el flujo constante de afirmaciones contradictorias ante hechos políticos nacionales o internacionales, revelan la personalidad de la que estamos hablando, y que algunos benignamente podrían etiquetar de una "ingenuidad incompatible con el cargo", y son conductas que perfilan la influencia que en él tiene su propio y peculiar mundo interior»".
Me encantaría que alguien me explicase, porque no lo entiendo, qué significado tienen "las afirmaciones cautelosas a modo de ejemplo", que además, se entrecomillan como citando a ¿quién?
En cualquier caso, y aun siendo cierto que el conocido "síndrome de la Moncloa" desgasta a su ocupante después de seis años, no es menos cierto que este inquilino ya venía desgastado de casa.
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