Son pocos, pero están en todos los telediarios y empiezo a estar saturado de su ostentosa estupidez dolorosa para el cerebro.
Hay bobos solemnes que siguen a rajatabla consignas como "Nucleares, no gracias" mientras que se ciscan en el "Prohibido prohibir". Y no están los tiempos para frivolidades, ni mucho menos para jugar con ningún factor de riesgo económico.
Hemos oído a una ministra decir que la ley del tabaco es buena para la hostelería porque aumentará la clientela de viejecitos y niños que antes no podían ir porque se fumaba. Esta señora (no se puede decir señorita, ni jamón serrano, porque hiere sensibilidades) es de diagnóstico difícil por su soberana complejidad, que contrasta con la simpleza del dispositivo. Son paradojas de la naturaleza. Lo resumo: gracias a ella y su prohibición, los empresarios hosteleros ganarán dinero a su pesar. Y si se empecinan tercamente en no ganar dinero, serán multados con hasta 81.831.600 de pesetas. Por falta de talante.
Para compensar haber sido tan duros con los criminales, a los camellos les reducen el hospedaje con cargo al contribuyente de un máximo de 9 años a 6. Y dicen que el crimen no compensa. Pues cada día más. Sino, que le pregunten a Pepe. Y no digo más, Tomás. ¡Ah, si! Sinde, vete a casa.
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