Enviado por Juan R. Marticorena el Vie, 02/07/2010 - 07:57.
Vivimos tiempos interesantes, días aciagos que escriben las crónicas de la infamia.
Podréis alegar falta de capacidad, escasa preparación, juvenil ingenuidad, idealismo adolescente...
Os justificaréis conque lo hicisteis con la mejor intención.
Algunos, los más lúcidos, reconoceréis que os embaucaron. Pero no tendréis el valor de admitir que os cegaron los oropeles y el brillo de los abalorios.
Aunque dará igual, el resultado será el mismo. Cuando todo esto se derrumbe, seréis viejos e inútiles.
Pero os quedarán vuestros hijos. Podréis recurrir a ellos.
Pero no os sorprenda que, llegado el caso de ajustar cuentas, en vez de socorreros os maldigan.
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